jueves, 22 de septiembre de 2016

Adorado y entrañable otoño

Todo mi cuerpo, mi piel, mis sentidos, hasta mi yo más sentimental y tierno aplauden con la llegada del otoño.
Aunque en estos días estamos viviendo los coletazos del verano con unas temperaturas muy agradables, exactamente hoy entra en el calendario. La naturaleza no sabe a qué atenerse, pero se están preparando. Por las mañanas los pajaritos vuelan inquietos de aquí para allá revisando sus nidos si no les queda más remedio que pasar el duro invierno por estos lares. Acaso nosotros no hacemos lo mismo? Revisión de la caldera de la calefacción, repaso de tejado, incorporar al armario prendas más calentitas y ir colocando en la mesa platos de cuchara y tazas de chocolate, bizcochos. Y eso que no aparecieron las castañas y las setas, por las que babeamos algunos. Queda poco.
Creo que ya sabéis mis preferencias otoñales frente a las otras estaciones. La primavera me supera, me exige demasiado, no puedo estar maravillada porque todo se llene de margaritas y los pájaros canten, que me parece muy bien, pero no es lo mío. Y no os digo mi cuerpo, es completamente de otoño. Lo siento así. No escatimo sonrisas y hasta sonrisas tontas viendo los magníficos dorados, amarillos y marrones de los árboles, una cesta llena de castañas o el tacto de un jersey de lana o un chal.
Recuerdo una gran revolución en casa cuando los niños eran pequeños y la abuela Trini y yo nos poníamos como motos a calcetar calcetines, chaquetas, bufandas como si no hubiera un mañana. Total, al año siguiente les quedaban pequeños, pero nos hacía mucha ilusión que llevaran nuestras prendas. Amor de abuela y madre en esencia.
Pues, si os gusta el otoño disfrutad de él y si no, pasarlo de la mejor manera posible intentando atrapar todos los momentos de felicidad que pasen corriendo por vuestro lado.





miércoles, 14 de septiembre de 2016

Queridísima Olivia:

En una caja de cartón y el miedo en tus ojitos llegaste a casa.
Nos entenderemos? Tendré comida para mí sola? Dormiré calentita? Y estos dos serán buena gente? No me pegarán?
No te creas, yo también me hacía preguntas. Había pasado un año del fallecimiento de Otto y era el momento de que un peludo entrará en mi vida. Pero, se te veía tan triste, tan miedosa!
Después de  dos baños, a los que te sometiste sin rechistar, te aventuraste a seguirme a la cocina y no te lo podías creer. Cuando una loncha de pavo salió de ese artilugio mágico y la rubia la acercó a tu boca desoíste sus palabras de que comieras despacio. Despacio, despacio, está loca. No puedo perder ni un minuto, puede venir otro y me quedo sin pavo. Ni una distracción.
Y cuando te giraste y viste dos cuencos con pienso y agua, no sabías a dónde  atender. Para mí sola!
Con el estómago lleno y relajada después de la ducha pensaste que no podía ser cierto, hasta tenías camita propia, se acabó lo de dormir en el cemento buscando el calor de los otros oyendo los gruñidos de los que estaban peor o tenían mal carácter. Mullida y con un peluche para poner la cabecita. Tú te lo merecías todo mi pequeña.
Olivia eres un regalo que me ha hecho la vida. Cinco años compartiendo tu amor y generosidad, llenando nuestras vidas de ternura y alegría.
Gracias mi amiga





martes, 6 de septiembre de 2016

Dormir en el caos

Se detuvo el autobús unos minutos para dejar subir y bajar a los pasajeros y mi mirada se detuvo en una sofisticada tienda de colchones, o una colchonería como se llamaban antes.
El universo del sueño.
Cuando este mundo del colchón y sus complementos se ha vuelto tan específico, sofisticado y exquisito, es porque se ha estudiado a conciencia la relación del ser humano con el sueño.
Que es un placer dormir a pierna suelta es cierto. Que es difícil de conseguirlo  lo es en mayor proporción. 
Estos días aún tenemos excusa porque las altas temperaturas nocturnas a las que no estamos acostumbrados, nos tienen dando vueltas y vueltas, y tapando y destapando, toda la noche. Justo cuando es casi la hora de levantarse hemos encontrado la postura y la temperatura ideal. Un poco tarde para conciliar el sueño y descansar.
Pues a lo que íbamos. 
Colchones de látex, de viscolátex, con una capa de aloe vera, de algodón puro, ergonómicos. El mundo de las almohadas no le va a la zaga. Antiácaros, de plumas, de algodón. Infinitas posibilidades para escoger.
Recordábamos con Josefa este verano cuando en las aldeas se hacían los colchones con las hojas secas del maíz, con paja, y si tenían la suerte de tener ovejas, disfrutaban del lujo de un colchón de lana. Estoy por apostar que dormían a pierna suelta, aunque problemas no les faltaban. 
Creo que la diferencia estaba en que su solución estaba en sus manos. La gestión de la vida era más individual porque también era más sencilla y casi de subsistencia. 
Cuánto más se complica nuestra vida más nos cuesta dormir, casi estoy por asegurarlo.

sábado, 20 de agosto de 2016

Disfrutando del jardín

El fuerte viento, ya anunciado pero no menos excitante, que golpea la casa y los árboles frutales del jardín, me ha despertado.
También Olivia abrió un ojo y al ver que me levantaba me siguió hasta la cocina y se refugió en su alfombra de corazón que viaja siempre con nosotros. 
Nos miramos.
Las dos de la madrugada no son horas de salir y con la que está cayendo menos. Se hizo un ovillo y allí mismo se quedó dormida. Está muy relajada y feliz, y cualquier sitio le vale.
No merece la pena dormir, ya habrá tiempo. No me quiero perder nada, y me tomo una copa de té helado que hice por la tarde. 
Me quedo entusiasmada mirando el jardín.
No estaría mal estudiar climatología, si es que eso existe, supongo que tendría que ser una rama de la física con connotaciones  con otras materias como la química, la biología y hasta la estadística. Se lo preguntaré al físico.
Ahora deben de ser las cinco de la tarde y todo es perfecto.
Se oyen las gaviotas en el puerto y pájaros pequeñitos nos alegran este pequeño recinto que es mi jardín por unos días. Rincones con sombra para colocar un sofá y leer mientras que el sol calienta otros rincones dándote a escoger.
Hasta he recordado a la abuela Trini cuando extendí mi nórdico a clarear sobre la hierba impregnándose de sol y marina.
Olivia dando saltos intentando ser más lista y más rápida que una mosca cojonera. Aunque la ha acorralado, sintiéndolo mucho doy como ganadora a la mosca.
Campanas a lo lejos.
Mi amiga Josefa acaba de traerme repollo de su huerta para hacer el caldo. Caldo a 25 grados? Sí. En  todo momento una tacita de caldo te deja nuevo y en este caso, hasta puede que sudando.
Olivia está excavando un agujero en el suelo debajo del manzano para enfriarse. Lista que es la niña.
Yo me voy a la nevera a por otro vaso de té helado con limón; que por cierto no son limones venezolanos del Gadis a 3.15€ el kilo, sino son limones del huerto de la señora Hortensia, amiga de Josefa.
Josefa que con setenta años se desvive conmigo cuando llego al pueblo, poniendo a mi disposición todo lo que ella conoce.
Me voy. Toca campeonato de pesca de calamar.





viernes, 12 de agosto de 2016

Pura conexión

No hay que darle más vueltas, es algo intuitivo. En unos minutos e incluso segundos salta la chispa y se establece la conexión, o no.
Con Mónica de < El café del Mónica> en Santiago, fue algo natural y espontáneo. Tanto Olivia como a mí nos gustó al instante. Discreta, atenta, correcta, respondiendo a nuestras dudas, contestando a preguntas sobre la ciudad. En todo momento nos hacía sentir bien y a esa sensación ayudaba muy mucho la música que ponía cada día, el estupendo café de Candelas que hacía, su bizcocho mañanero y sus tostas de pan con tomate y jamón a las que yo recurría cuando no me apetecía nada cocinar.
Y no os lo perdáis, su café era un lugar dogfriendly. Olivia estaba en la gloria, con decir que muchas veces entraba de lo que tiraba ella para que no pasará de largo. Algo en lo que no tenía que insistir mucho porque me atraía mucho su mesita al fondo con sus dos butacas ofreciendo el entorno ideal. Buena música. Buen café. Buena compañía. Qué más se puede pedir?
Gracias Mónica!

domingo, 24 de julio de 2016

Solamente estaba ahí

Se ha ido a un congreso y estoy de invitada en su casa y estoy emocionada.
Emocionada porque se ha desvivido por indicarme cómo iba la lavadora, el calentador, la cerradura de la puerta; todo para que no me preocupara por nada y solo disfrutara de esta ciudad que me apasiona y en la que por unos días voy a ser una santiaguesa más como cuando estudiaba aquí,  y esto se lo debo a él.
Emocionada porque ayer cuando llegué me enseñó la tesis recién imprimida, y se me saltaron las lágrimas cuando leo los agradecimientos. < Jamás habría llegado a ser doctor si no fuese por mí madre, porque ella me enseñó a leer y a sumar. A partir de ahí ya es fácil> . Sentía el corazón golpeando en la garganta y no podía respirar. Muy emocionada y sin palabras.
Sé lo que ha trabajado, lo que le gusta aprender-ahora surf-, lo independiente que es y a la vez lo cercano, lo tierno y educado que es -lo achaca a su lado femenino-, lo que le gusta andar en su bici de segunda mano por las callejuelas de su ciudad. Lo admiro profundamente.
Y tendría que saber que en este momento me estoy tomando un earl grey  en su cama mientras me envuelven las estrellas.

Tuve que rehacer la entrada y perdí los comentarios porque la borré sin darme cuenta. Disculpadme.

sábado, 2 de julio de 2016

De Max y Olivia para Diana, su veterinaria

Querida Diana
Somos Olivia y Max, dos de los muchos perretes que tú cuidas con mimos, miradas dulces y voz suave. 
Nos hemos enterado que estás malita y estamos tristes. Nos gustaría acariciarte con nuestra trufa húmeda y darte besitos en las orejas. Demostrarte que te queremos, que nos caes bien, que siempre tendrás nuestro cariño perruno. Anímate y no te rindas!
Fíjate en nosotros. Estábamos tirados en la calle, maltratados - tú lo estás por tu enfermedad- y ahora sonreímos todo el rato, no con la boca, ya sabes, pero sí con nuestros ojos y nuestro corazón.
Besitos en las orejas de Max y Olivia.
P.D Las vacunas parece que duelen más cuando tú no estás.

Esta carta se la escribimos a nuestra querida Diana hace un año. Se la leyeron por teléfono porque estaba lejos recibiendo quimio y luchando con todas sus fuerzas. Ese invasor que se la llevó también nos ha robado un poco de nuestro corazón porque la queríamos mucho, personas y perretes.

viernes, 10 de junio de 2016

Matías 94 años

En el nuevo hospital, todo novedades. Se siente perdido, y quién no?
Acaba de sentar a su compañera Malena en una silla de la cafetería, en un hueco al lado de los ventanales para que se distraiga mientras él coge el desayuno. Porque esa es otra. En el viejo hospital estaba aquella señora entrada en carnes y en años que te venía a la mesa para preguntarte qué es lo que querías. Por aquí ya no hay nada de eso. 
Coloca el bolso de su mujer a su lado y coge el monedero en la mano. Se ajusta las gafas y estudia la situación y allá se va. Observar, todo se basa en observar, como explicaba él el método científico en sus años de profesor.  Una banda negra separa del resto una fila que con sus bandejas la gente se coloca en ella para ir cogiendo lo que quiere de un mostrador inmenso. Allá va con manos temblorosas. La bandeja está en su poder y ahora será cuestión de ir cogiendo, no? Casi no ve la pila de croissants, atestado como está el mostrador de comida y más comida, que hasta da agobio. Pues no, no comeremos hoy el bollito  francés, miña ruliña! Veo unos mini bocadillos que tienen muy buena pinta. Voy a sorprenderla. Dos cafés con leche y a pagar. Pues hombre no fue tan difícil. La próxima vez hasta pediré unos bollitos  de pan para hacer unas tostadas, que se lo he visto hacer a unas enfermeras que estaban en la cola.
Arrastra su bandeja por los carriles y lanza una mirada a su compañera que está ensimismada, en su mundo, mirando a unas mujeres embarazadas que charlan en la entrada. Llega a la mesa cargado y todo ufano con el desayuno. Pues no estuvo nada mal.
Hay que coger fuerzas porque aún nos toca subir ese incordio de escaleras mecánicas para ir al cardiólogo. Acaso se les van a resistir?

miércoles, 18 de mayo de 2016

Clara 47 años

Sentada en un solitario banco.
Pero no en un banco del parque cerca de su casa, ni en el que está enfrente de Mercadona, ni remotamente en uno del paseo marítimo contemplando el mar y las gaviotas, no, está en un mirador camino del faro y allí, al borde de la carretera, este espacio la invitó a parase cuando su idea original era llegar hacia la costa, unos kilómetros más adelante. No sabe cómo fue pero siente que es un buen lugar para leer la carta.
El banco está al abrigo de unos matorrales y un camino rural pasa por detrás paralelo a la carretera. En la hierba crecen las amapolas y los pájaros trinan en los árboles cercanos. No son los páramos de Escocia, pero es un lugar tranquilo y recogido.
Se sienta poniendo la espalda recta pegada al respaldo, el bolso descansa a su lado y es el momento. Tampoco es cuestión de demorarlo más.
Respira profundamente.
Le distraen unos ruidos por su lado izquierdo y se sobresalta, sin razón después de ver el motivo. Ese ser minúsculo no es ninguna amenaza. Un caniche gris con el pelo sucio y muy largo se asoma y se queda tan sorprendido como ella. Ninguno dice nada y solo se miran.
Clara sonríe y busca en su bolso algo para darle, una galleta que le han dado con el café de media mañana servirá. No tuvo que hacer el gesto dos veces. Acuciado por el hambre y porque no la veía como algo peligroso, además estaba sentada, el perro se acercó para adueñarse de la golosina.
Cuando se la acabó se quedaron mirando uno al otro. Clara preguntándose si tendría dueño y el perro dándole una oportunidad a otra galleta. Se notaba que los dos estimaban la compañía del otro.
Asomaba la carta por el bolso abierto reclamando su atención, apremiándola.
Era el resultado del primer control después del cáncer que había sufrido, y pidió al equipo que la llevaba que se lo enviaran por correo; no se veía con fuerzas para pisar el hospital.
Su intención era alejarse de todo e ir a leerla al faro, al abrigo de las grandes piedras de la explanada y con el mar de fondo, pero no, allí estaba, en un recodo de la carretera y con el perro observándola.
Rasgó el sobre y lentamente desdobló el folio.
Sentía que se le nublaba la vista, pero un NO se hizo visible como un faro en las tinieblas.
No sabía qué hacer con las manos. No sabía dónde posar la mirada. Le dolía la mandíbula, antes por la tensión, ahora porque no dejaba de sonreír. 
Y él mirándola, esperando.
Tal vez se han unido sus caminos, por qué no?


sábado, 7 de mayo de 2016

Juana 84 años

Por fin me he librado de él y me estoy tranquilamente tomando un café.
Ni malditas las ganas, con perdón, que tenía de aprender a manejar un cajero, y en un sábado con más de diez personas esperando en la cola, para más inri. Pues erre que erre, ayer me llamó mi hijo, que desde que se jubiló está de lo más inquieto, para quedar conmigo y explicarme cómo iba la tarjeta que se empeñó en pedirme. Lo dicho, ni me va ni me viene, pero no me oyó.
Pues allí estábamos, yo callada y él vuelta a repetírmelo todo. No sé para que se molestaba, no le estaba prestando atención, total pienso usar la ventanilla como siempre. No tengo ni la más mínima curiosidad por ese artefacto.
Si hasta creo que me soltó un <pero que burra eres>. Espero que fuera en plan cariñoso, porque tendría que recordarle la infinita paciencia que tuve con él cuando era pequeño.
Me siento triste y sola. Sola sin mi Antonio y sin la lejana juventud que nos da valentía para aprenderlo todo.
Pasa una caravana de coches tocando el claxon reivindicando pagos y mejores salarios, ondea la bandera gallega con la estrella roja, me ha emocionado. Qué día llevo!
Voy a hacer la compra y a seguir con mi vida. Creo que vamos a tener un día soleado.